¿Estáis embarazados? No tengáis prisa en hacer las compras. (I)

LA VERSIÓN CORTA PARA GENTE CON PRISA O POCA PACIENCIA

[…] Más que aconsejar un producto concreto u otro (eso depende mucho de las condiciones y gustos particulares, aunque cualquier día de estos colgaré aquí mi lista de imprescindiblesvoy a enunciar unas cuantas reglas generales para mantener tu cordura y tus ahorros en las mejores condiciones.

a) Lo único de lo que un bebé humano no puede prescindir es del cariño de su familia*, atención sanitaria básica (ni se te ocurra dejar de vacunarle) y medidas de seguridad en el coche y el hogar. Lo demás es opcional.[…]

LA VERSIÓN LARGA PARA GENTE CON TIEMPO O MUCHA CURIOSIDAD

Pues no tenía pensado hablar de esto precisamente ahora, pero se da la coincidencia de que tengo varios amigos a punto de tener hijos, y las preguntas a la mamá reciente se amontonan. “¿Qué cochecito me compro?” “¿Qué bolsa de pañales me conviene?” “¿Es muy complicado usar pañales de tela?”. Están en plena fase de adquisición de cacharros.

Son preguntas bastante importantes, porque una mala elección en las compras del bebé es una de las cosas que más pueden impactar en la organización de tu vida y tu paz mental. (El bebé de por sí ya impacta lo suyo, pero al fin y al cabo es lo que querías y asumirás los cambios con filosofía. Y tiene el bonus de ser pequeñito y monísimo. No sentirás lo mismo hacia ese armatoste con ruedas que tan buena idea parecía seis meses atrás, y que ahora odias porque no cabe por las puertas y ha perdido dos tuercas al tercer paseo).

Más que aconsejar un producto concreto u otro (eso depende mucho de las condiciones y gustos particulares, aunque cualquier día de estos colgaré aquí mi lista de imprescindibles) voy a enunciar unas cuantas reglas generales para mantener tu cordura y tus ahorros en las mejores condiciones.

a) Lo único de lo que un bebé humano no puede prescindir es del cariño de su familia*, atención sanitaria básica (ni se te ocurra dejar de vacunarle) y medidas de seguridad en el coche y el hogar. Lo demás es opcional.

Piensa en cómo te criaron tus padres. Probablemente, tenían menos dinero en efectivo para gastar que tú, pero tuvieron más hijos, y desde más jóvenes. Puede que hayamos salido algo tarados, pero estoy bastante segura de que no se debe a que no tuviéramos masicosi o vídeos de Baby Einstein.

No me compraste un orinal de diseño, y por eso no soy campeona olímpica. ¡Tú tienes la culpa, mamá!En nuestra sociedad actual la situación es la contraria a la de entonces: la familia tiene más dinero para invertir en las primeras compras pero los hijos se han convertido en un bien muy escaso, ya que tenemos pocos y tarde. La gente que vive de fabricar trastosdebebé tiene, por tanto, un mercado limitado, y tiene que explotarlo al máximo. Por eso, vas a recibir muchos mensajes que sutilmente te sugieren quesi no le compras X, tu bebé no se criará bien, lo que dejará claro que no le quieres lo bastante”. No piques.

b) No tienes que comprarlo todo con antelación. De hecho, no tienes que comprar CASI NADA antes de que el bebé nazca. Es verdad que después podéis estar demasiado ocupados para ir de compras, pero puedes hacer visitas de prospección antes del parto, anotar qué modelos te gustan más, y enviar más tarde a un pariente a comprarlo.

O tal vez no lo hagas nunca. Porque cuando ya tienes al bebé en brazos, la realidad puede no coincidir con lo que esperabas, y esa compra que tan buena idea parecía ya no lo sea.
Mi bebé nació con pie zambo bilateral, una malformación en los pies con un efectivo pero engorroso tratamiento que, a partir de los 2 meses, incluye llevar puestas unas férulas unidas por una barra todo el día. Como consecuencia, los preciosos y carísimos saquitos de dormir que nos regalaron están cuidadosamente guardados, muertos de asco. Este es un caso extremo, pero te vas a encontrar con miles de ocasiones en las que digas “pues este cacharro no era la mejor idea para nuestro piso/bebé/estilo de vida”. Mejor que el cacharro en cuestión esté aún en la tienda, y tú aliviada/o por no cargar con él..

c) Tira de la segunda mano todo lo que puedas. Hay un maravilloso mercado negro-gratuito** que consiste en todo el cacharramen que te regalan los padres de los bebés a los que ya se les ha quedado pequeño, y no me refiero solo a la ropa. Yo no me hubiera comprado un moisés ni loca pero, oye, una tía política nos dio el de su bebé, que ya era grande. Por un precio de 0 €, no estuvo mal como adquisición. Va a tener una larga vida útil; ya no le sirve a mi hijo, pero hace meses que viajó a Barcelona a casa de mi socio, que está esperando criatura.

Recuerda también que las tiendas de segunda mano tienen ofertas de objetos en muy buen estado (algunos nuevos, porque no es infrecuente que te regalen dos veces lo mismo).

De paso, puedes medirte el perímetro craneal. Todo ventajas.d) Antes de comprar, reflexiona detenidamente dónde lo vas a guardar (mídelo y comprueba que encaja), piensa si tiene que caber en cierto sitio al usarlo (no te compres un esterilizador para microondas sin saber que entra en TU microondas, o un carrito de paseo que no quepa en el ascensor) o si viajará en coche (¿cabe en el maletero?). Tú, como el sastrecillo valiente, con la cinta de medir a todas partes.

e) Si te preguntan qué quieres que te regalen, especifica. No digas solo “una bañerita”. Di qué bañera quieres, porque no es lo mismo esta que esta. Si no te regalan lo que te conviene, en lugar de darte una alegría te van a dar una oportunidad de blasfemar cada vez que lo uses.

f) Si te preguntan qué quieres que te regalen y no necesitas nada, pide que esperen a los seis meses o el año. Esto es mucho más fácil con la familia que con los compañeros de trabajo, pero muy práctico. Todo el mundo hace regalos de recién nacido, pero pocos hacen regalos de 11 meses. ¿Por qué crees si no que el mercado negro del bebé recién nacido mueve tal cantidad de material casi nuevo, y sin embargo el del bebé de un año es tan reducido?

[Continuará]

Nota: Siempre que hablo de familia, lo hago en el sentido más extenso de la palabra. Eso  incluye mamá monomarental, papá monoparental, pareja de madres o padres del mismo o distinto sexo, abuelos que crían a los nietos, personas que adoptan y grupos familiares menos tradicionales aún. Hay familias de todos los tipos, y las probabilidades de éxito al sacar adelante a una criatura dependen de la dedicación, la paciencia y el afecto (y, por supuesto, un poquito de suerte), no de cuánto se parezca el retrato familiar real a las imágenes en la publicidad de potitos.
**La expresión se la he birlado a mi amigo José A. Peñas.

Por muy temprano que te levantes

LA VERSIÓN CORTA PARA GENTE CON PRISA O POCA PACIENCIA

[…] El primer paso hacia la satisfacción y la productividad real consiste en esto, en decirte a ti misma:

– No puedo absorber tareas indefinidamente, y no debo alcanzar el límite de mi capacidad, sino quedarme en una zona cómoda. Como si de un armario se tratara, cada vez que entra un item, debe salir otro, porque el espacio es limitado. Y no hay técnica de productividad que pueda cambiar esa realidad.[…]

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LA VERSIÓN LARGA PARA GENTE CON TIEMPO O MUCHA CURIOSIDAD

Este es un principio de productividad y organización sencillo pero fundamental: no muerdas más de lo que puedes masticar, y recuerda que la capacidad de tus mandíbulas tiene un límite. De lo contrario, por muchas tareas que consigas completar cada día, vivirás en un estado de permanente frustración por todo lo que no eres capaz de hacer.

Este axioma es tan obvio que parece una estupidez. Como ocurre a menudo con las perogrulladas que “todo el mundo tiene claras”, es facilísimo olvidarse de respetarlas. Lo sé bien, a mí me pasa de vez en cuando.

El proceso es insidiosamente sutil y discreto. El lunes te invitan a otra red social (“Storytellers Sin Fronteras”, qué interesante, personal y profesionalmente) y aceptas la invitación. El miércoles descubres unos estupendos vídeos de Zumba, que te permiten hacer ejercicio sin salir de casa (parece divertido, seguro que puedes dedicarle 30 minutos al día). El domingo, al revisar tu lista de proyectos pendientes, te horrorizas por décima vez al tomar conciencia de que tu tesis doctoral sigue muerta de asco (¡qué horror, de este año no pasa!), y te comprometes a trabajar en ella 4 horas a la semana.

Y además vas a hacer una revisión diaria y otra semanal de GTD. Y vas a cocinar platos caseros y saludables. Y a recuperar el contacto con los amigos de la universidad, ya que los has encontrado en Facebook. Y a jugar cada día 1 hora con tu hijo, que hay que darles tiempo de calidad. Y aprender alemán. Todo ello, sin dejar de sacar adelante el trabajo diario que te da de comer, pasar tiempo con tu pareja y, yo que sé, ducharte.

Y dos huevos duros.

Pero tú YA tenías una larga lista de tareas por hacer. ¿Cómo te las vas a arreglar con las nuevas? Y aquí es cuando aparece uno de esos tipos que ni sudan ni arrugan camisas, pero que te dedica una sonrisa cargada de complicidad desde la portada de su libro y te dice:

– Hey, nena. Lo que necesitas es un buen sistema de Gestión del Tiempo. Sigue mis consejos y serás feliz.

Lo haces. Y oye, tu vida mejora. Realmente puedes hacer más cosas, sacar más trabajo adelante, cumplir más compromisos, completar más tareas.

Pero entonces, el perverso proceso de suma y sigue se repite la semana siguiente. Aprende Linux, crea un maravilloso álbum digital con las fotos del viaje a Moscú, haz cada semana 20 llamadas de prospección de nuevos clientes, investiga cómo elaborar menús más sanos y ligeros, aplica ese nuevo sistema de organización de facturas.

Y ahí entras en territorio paradójico: como cada vez eres más eficiente, cada vez absorbes más compromisos, de modo que cada vez tienes más tareas pendientes. Felicidades: acabas de comprar un billete de ida al País de la Perpetua Frustración. Tus técnicas de productividad consiguen que hagas más cosas, pero siempre te sientes igual de infeliz y agobiada. MAL.

Por supuesto, puede haber un periodo concreto en que absorbamos más compromisos renunciando a una parte de nuestra serenidad y nuestro bienestar físico y mental con el fin de ascender un peldaño en la escalera. Si se trata de un empujón concreto, es asumible. Pero si un día te das cuenta de que llevas años empujando, es que algo estás haciendo mal.

El primer paso hacia la satisfacción y la productividad real consiste en esto, en decirte a ti misma:

– No puedo absorber tareas indefinidamente, y no debo alcanzar el límite de mi capacidad, sino quedarme en una zona cómoda. Como si de un armario se tratara, cada vez que entra un item, debe salir otro, porque el espacio es limitado. Y no hay técnica de productividad que pueda cambiar esa realidad.

Recuerda esta idea cada vez que pienses en empezar un nuevo deporte, aceptar un proyecto, crear o recuperar una nueva relación personal o comprometerte a algo. Hasta el camarote de los Hermanos Marx tenía un límite.

¿Qué es Engineering Me?

LA VERSIÓN CORTA PARA GENTE CON PRISA

[…] Y de eso va Engineering Me. De cómo los hábitos de organización, GTD y otras técnicas, la elaboración de registros, la elección de las actitudes correctas y el aprendizaje de las habilidades adecuadas pueden ayudarte a ser madre o padre satisfactorios, freelance o empleada eficaz y fiable, habitante de una casa en la que no dé repelús entrar, pareja de tu pareja o no-pareja de tu no-pareja (pero nunca no-pareja de tu pareja o viceversa. Ya sé que es complicado, pero prometo explicarlo en el futuro.) e incluso ente social y con vida personal propia.

También compartiré mis recetas personales para compatibilizar la vida real con la 2.0. Porque, gran noticia, se puede hacer. Yo lo estoy consiguiendo.

Y manteniéndome cuerda. Es posible, créeme, aunque no sea sencillo. […]

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 LA VERSIÓN LARGA PARA GENTE CON TIEMPO O MUCHA CURIOSIDAD

Hola, soy Diana Damas. Quizás me recuerdes de otros blogs, como Engineering Scherezade o Senseiconsultores.com.

Nah, lo más probable es que no me recuerdes en absoluto. Soy la viva representación de esa paradoja que supone la reputación digital, donde si sacas tiempo para contar cosas en Internet y comentar la jugada con otros, lo quitas de hacer esas cosas de las que quieres hablar.

El desequilibrio me acecha. Si concentro en hacer, en cuanto me despisto tengo el perfil de Linkedin criando musgo, el blog profesional más desolado que la escena final de Infierno de Cobardes, el Twitter mustio y el Facebook bajo mínimos. Cuando, por el contrario, me dedico a cultivar mis redes sociales y mi atención a la blogosfera, me dan las dos de la tarde con demasiados correos sin contestar, la página del proyecto en curso tan inmaculadamente blanca como el día anterior y la lista de “pendientes” creciendo como la mala hierba..

No siempre fue así.

Esta guerra viene de antiguo pero, hasta hace tres años, mi pequeña región organizativa resistía al invasor, y era capaz de sacar adelante el trabajo en la vida real manteniendo a la vez una buena frecuencia de actualización de contenidos en Internet. Cierto es que no escribía desde un perfil profesional (tenía esa clase de blog personal donde una se despacha a gusto elucubrando sobre lo humano, lo divino y la mejor receta de lentejas express), pero escribía dos o tres veces por semana. Y nada de teletipos, producía parrafadas ladrillescas. Qué tiempos.

¿Qué ocurrió?

Bueno, aquí es cuando alguien dirá eso de “ocurrieron las redes sociales, la muerte de los blogs”. Aunque la afirmación me parece discutible en sí, no voy a negar que Facebook, Twitter y demás familia han tenido su impacto en mi producción bloguera. También la tuvo en su momento World of Warcraft. Y, allá en el Pleistoceno, el Diablo II. Los ladrones de tiempo ya existían antes de Zuckerberg. No creo que esa haya sido la causa principal.

El auténtico punto de inflexión surgió cuando empezaron a pagarme por escribir. Me ofrecieron ocuparme del sitio noracismoynosexismo.org, un espacio dedicado a promover la igualdad de oportunidades entre las minorías (y que, desde que abandoné el proyecto, agoniza tristemente sin mantenimiento alguno ni piadoso disparo final que elimine el triste nicho de spam y ausencia de formato en que se ha convertido). El proyecto era apasionante y consumió toda mi capacidad de comunicación virtual durante dos años. 

Una vez finalizada mi participación en noracismoynosexismo.org, podría haber retornado a mi actividad anterior. Pero para entonces estaba dando un giro importante a mi carrera profesional, dejando de trabajar en el entorno social en exclusiva, formándome como coach e intensificando mi presencia en el entorno empresarial. Como bien sabía Lewis Carrollpara quedarte en el mismo sitio debes correr todo lo que puedes, pero si quieres moverte a otro distinto tendrás que correr aún más. 

Por si eso fuera poco, me empeñé en adquirir el ladrón de tiempo definitivo. El más bonito. El más satisfactorio. Y el que más horas de sueño se lleva consigo.

Pequeño Jedi

Conocido en casa como “el ornitorrinco”, por haberse convertido en el “monotrema” de las conversaciones. (Chiste de zoólogos).

Estoy encantada con la adquisición, la verdad. Pero hay que reconocer que es una desventaja para ser productiva. Sobre todo cuando te sonríe a traición y se te desploma media corteza cerebral por sobrecarga de endorfinas. (La foto no le hace justicia: es un bebé REALMENTE MONO).

Resumiendo, en este momento mi vida incluye:

  • Mantener mi carrera como formadora y coach freelance. Bien remunerada, si es posible. Aceptablemente remunerada, como poco.
  • Co-escribir un libro.
  • Reducir mi lista de tareas pendientes. Y además, llevarlas a cabo, que quitarlas de la lista es la parte fácil.
  • Cuidar de un bebé de 7 meses y criarlo lo mejor posible. Sin guardería.
  • Investigar nuevas estrategias pedagógicas, comunicativas, narrativas, etc.
  • Alimentar correctamente mis espacios digitales (blogs, redes sociales, etc).
  • Desarrollar mejores metodologías para mejorar la productividad real de las personas.
  • Aprender algo nuevo cada día.
  • Gestionar mi casa, mis finanzas, mi salud y mi vida en pareja.
  • Seguir teniendo/recuperando vida social.
  • No volverme loca.
  • Disfrutar con el proceso y ser razonablemente feliz.

Son un buen número de pelotas en el aire. Y solo tengo dos manos. Pero me las arreglo. A los 15 días del nacimiento, ya estaba sentada al ordenador preparando materiales para un curso con una sola mano, mientras con la otra acunaba al recién llegado. No porque me apeteciera mucho trabajar, sino porque era lo que tocaba.
Una amiga me escribió entonces: “bueno, con eso de la productividad que enseñas tú, seguro que te estás organizando estupendamente”. Je.

Mientras leía su mensaje, era dolorosamente consciente de la dura realidad. La casa se mantenía habitable a duras penas, el bebé requería muchísima atención, directa e indirecta, porque cuando dormía me pasaba horas investigando mis dudas de madre primeriza en Internet. Casi no me quedaba tiempo para nada más. Aún así, el trabajo pendiente salía adelante, pero todos los proyectos nuevos que quería poner en marcha estaban paralizados. No me sentía ningún modelo de organización, la verdad.

Pero me di cuenta de que mi amiga tenía algo de razón. Porque estaba consiguiendo mantener todas las pelotas en el aire sin errores graves, sin desesperarme (casi nunca), sin perder el humor. Tal vez no llevaba a cabo mis tareas de forma óptima, pero sí con calidad aceptable. Y los hábitos de organización adquiridos con los años han sido decisivos para, aún bordeando en ocasiones el precipicio, no caer en el caos. Con las historias de terror sobre el impacto de la llegada de un bebé que escuchaba cada día, el mío me parecía un estado más que aceptable.

Y de eso va Engineering Me. De cómo los hábitos de organización, GTD y otras técnicas, la elaboración de registros, la elección de las actitudes correctas y el aprendizaje de las habilidades adecuadas pueden ayudarte a ser madre o padre satisfactorios, freelance o empleada eficaz y fiable, habitante de una casa en la que no dé repelús entrar, pareja de tu pareja o no-pareja de tu no-pareja (pero nunca no-pareja de tu pareja o viceversa. Ya sé que es complicado, pero prometo explicarlo en el futuro.) e incluso ente social y con vida propia.

También compartiré mis recetas personales para compatibilizar la vida real con la 2.0. Porque, gran noticia, se puede hacer. Yo lo estoy consiguiendo.

Y manteniéndome cuerda. Es posible, créeme, aunque no sea sencillo.

Creo que es buena idea avisar de que no voy a hablar aquí desde la perspectiva de la superwoman a la que le sobran los proyectos profesionales extremadamente bien pagados, sigue una dieta saludable a rajatabla, tiene un cuerpo de escándalo, es esposa y amante perfecta, mejor madre que Mary Poppins niñera y todo ello con el peinado perfecto en todo momento. No, lo siento. No tengo la fórmula de la perfección (y mi pelo tiende al desastre por naturaleza, snif) . Pero sí tengo la receta de la mejora.

Aquí vas a encontrar el punto de vista de una profesional que está notando la crisis en su cuenta corriente como casi todo el mundo, pero que se las apaña para salir adelante; que la mayor parte de las veces come lo que debe, pero que de vez en cuando asalta la caja de las chocolatinas; que acierta con su bebé casi siempre (pero en alguna ocasión mete la pata), que tiene una pinta bastante potable pero no será nunca portada de Sports Illustrated… Etcétera.

Es decir: voy a escribir la clase de artículos que me hubiera gustado leer hace diez años cuando, más que leer las crónicas sobre cómo pisan la tierra esos ángeles de pulcritud y efectividad caídos del cielo que escriben en Internet sobre productividad y desarrollo personal, necesitaba aprender cómo puede ir mejorando poco a poco una tipa normal y corriente. Como yo.

Confío en que también los disfrutes tú.